martes, 30 de abril de 2013

"El silencio de los baberos"

El domingo por la mañana asistí, como en casa tenemos por costumbre, a una representación teatral infantil. En esta ocasión la obra elegida era "Cascarón de Huevo", de Títeres Caracartón. A mi peque le fascina acudir a representaciones artísticas de todo tipo (teatro, conciertos, danza... !casi todo le embelesa!) y yo es algo que disfruto sobremanera, posiblemente porque ese gusto lo compartimos y las pasiones compartidas son muy bien vividas.

Imaginadnos inmersos en el ritual habitual que tanto le fascina: los nervios previos a la apertura de puertas, las entradas preparadas que por supuesto quiere entregar él, acomodarnos y disfrutar de las vistas desde nuestros asientos, suponer qué ocurrirá e ir descontando minutos.

Pasada la hora prevista para el comienzo surge una ligera impaciencia, un "mami, no empiesaaaaa" y, finalmente, la magia se hace: la obra se presenta, las luces se apagan, y yo percibo como su disfrute se incrementa hasta límites insospechados. Una delicia, sin duda alguna... y eso que la función aún ni ha comenzado.

"Con música y sin palabras". Así la describió la artista poco antes de posicionarse junto a sus títeres e iniciar la escenificación de una historia realmente bella por su sencillez, dulzura y valores asociados. Una obra para peques que cualquier mayor puede disfrutar con sólo dejarse llevar por el argumento. Siempre y cuando entienda, eso sí, qué significa SIN MÚSICA Y SIN PALABRAS.

Hagamos un sencillo ejercicio mental. Imaginémonos ubicados en la cuarta fila del Teatro de la Maestranza. Representación de "El lago de los cisnes" de la mano de una famosa compañía. El público deslumbrado, casi sin aliento, contempla a l@s artistas dando lo mejor de sí mism@s en una indescriptible muestra de ARTE con mayúsculas. Es entonces cuando, el señor de la tercera fila, cuarta butaca comenzando por la izquierda, ilustra a su señora esposa: "Mira cariño mío, ¿ves? es un cisne.... ooohhhhh.... !qué bonito que es el cisne! Vamos a decirle con la manita... !CIIIIISSSSSNEEEEE!" -lo único que suena en la sala, los usuarios del resto de las butacas se revuelven algo contrariados-. Pero no queda ahí la cosa... su mujer, docta en la materia, puntualiza "Sí, sí... mira... que carita ponen... eso es porque está triste... y ahora se miran enamorados... ¿ves, churrita mía? ¿Ves cómo se quieren? Es que se quieren mucho... ¿les pedimos que se den un besito de amor? !BESITO DE AMORRRR... BESITO DE AMORRRRR... BESITO DE AMORRRR!".
El resto de la sala permanece en silencio mientras la orquesta suena como puede... y los bailarines hacen el esfuerzo de no perder el hilo de lo que iban haciendo. Así no una, ni dos, ni tres veces... TODA LA OBRA.

No sé por qué, tengo el total convencimiento de que el señor que se empeñó en describirle a su hija de -me juego el brazo sin temor a perderlo- 3 años y pico hasta el último estornudo del pollito protagonista de "Cascarón de huevo" se hubiese cuidado muy mucho de dar el mismo espectáculo durante "El lago de los cisnes". Y yo me pregunto ¿por qué?.

- ¿Qué parte de "Con música y sin palabras" no entendemos? ¿Presuponemos que el motivo por el que una obra carece de texto es por comodidad de quien la escribió o somos capaces de vivir -y enseñar a vivir a nuestros hijos- la obra de arte en el formato en el que está, dejando margen a que el autor/autores (as) nos inunde y sorprenda y a que nuestros hij@s se dejen inundar y sorprender?

- ¿Por qué tratamos a nuestr@s peques como si necesitasen explicación de todo y para todo? ¿Tan listos nos creemos que si no damos la respuesta antes incluso de que les surja la pregunta y traten de hallarla tenemos el convencimiento de que "ese hondo vacío" se alojará para siempre en sus "insignificantes existencias"?

- ¿Por qué nos cuesta tanto "dejarles ser": pensar, sentir, experimentar "en blanco", extraer sus propias conclusiones, obtener sus particulares explicaciones? ¿Cómo queremos, en unos años, contar con adultos críticos, plenos, creativos y capaces si los lastramos con nuestras visiones limitadas, explicaciones limitadas y manidas, vivencias de progenitores-cebolleta y "recetas mágicas" para seguir siendo "más de lo mismo por los siglos de los siglos"?

- ¿Por qué nos cuesta tanto bregar con los silencios ajenos, o al menos no aceptar que nos inquietan porque no sabemos gestionar el vacío interior que provocan los propios?

Esos fueron mis "¿por qués?" durante los cinco primeros minutos de obra. Mi hijo, de 3 años recién cumplidos, no me dijo qué pensó, pero dado que el buen señor estaba sentado justo detrás de nosotros se limitó a girar la cabeza varias veces y a mirarlo como quien mira al compañero de butaca que está "dando el cante" en plena "apoteosis de Chaikovski". Afortunadamente, la obra supo eclipsar los comentarios, que por cierto no cesaron ni un minuto, y pudimos disfrutarla al máximo, porque realmente la elección de la música como hilo conductor de la historia no podría haber sido más acertada.

Pero aquí me quedo yo, cual Iker Jiménez educativa, dándole vueltas a aquellas frases, aclaraciones, indicaciones... ¿No se cansaba aquel buen señor?¿No se le ocurrió ni por un segundo pensar que molestaba al resto de los usuarios y menospreciaba el trabajo de la artista? ¿De veras le sorprendía que su hija no estuviese disfrutando de la obra y le pidiera insistentemente irse? ¿Aquella niña se enteró de algo aparte de que las ranas hacían croac croac y que por lo visto todos los cerditos son amigos de Peppa Pig -cosa que, por otro lado, buen hombre de mis amores, no es verdad... y su hija de tonta ni tiene un pelo-?

Muy al margen de todo esto, mis frecuentes visitas a las actividades de ocio infantil, que los papis y mamis que me conocen saben que recomiendo encarecidamente -cuentacuentos, teatro, exposiciones y un largo etcétera de experiencias vitales enriquecedoras- me hacen cuestionarme si nos planteamos una educación artístico-emocional-vivencial para nuestros hijos y el por qué o para qué hacemos ciertas cosas: si tiene sentido obligar a un niño/a a leer, o a permanecer en el cuentacuentos cuando ya no desea estar y tan sólo molesta a otros peques, papis y mamis... o a tener que ver una obra de teatro, por muy estupenda que sea, de la cual no se está enterando porque nosotros mismos "se la estamos destripando viva".

Pero de todo esto, quizás por lo muchísimo que tengo que hablar, seguiré escribiendo otro día. Mientras tanto, me interesa conocer vuestras opiniones. !Buenas noches a tod@s!.





PD: Preciosa obra. Muchas felicidades a la compañía!!!

martes, 16 de abril de 2013

Otro modo de educar es posible...

 
... y no, no pienso entrar en el debate sobre Crianza que la semana pasada emitió "La 2" (podéis visualizarlo aquí y extraer vuestras propias conclusiones). Y eso que he estado tentada. Me me basta y sobra con saber que OTRO MODO DE EDUCAR ES POSIBLE aunque no lleve etiquetas, porque somos tan de etiquetar, clasificar y encasillar que nos perdemos en los detalles y olvidamos lo importante.
 
¿En qué consiste la Crianza con Apego? Creo que es más sencillo determinar en aquello que no es y, con todo y con eso, leyendo y releyendo el término, no le veo sentido alguno a calificarla de ningún modo, o adscribirse a ella como quien se hace de un equipo de fútbol. No porque no lo tenga, sino porque entre tanta reflexión, conseguimos que se pierda lo mejor de su esencia (y es una pena).
 
Otro modo de hacerlo es posible. Tan "Natural" como que sale de dentro, con sus días buenos y malos, con las prácticas que decidimos adoptar y aquellas a las que, por no querer o poder, no nos adscribimos. Un modo de vivir la maternidad/paternidad desde el sentir, el disfrute pleno y la consciencia, sin más vueltas ni justificaciones. Una crianza "tan Natural, tan Natural"... que no necesita nombre alguno.
 
 
Otro modo de educar es posible